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sábado, 7 de enero de 2012

Descartes del Retablillo de Santiago


Abre esta entrada de extras inéditos, una escenografía para una sesión de magia y luz negra, que se consiguió a partir del catafalco transparente con plumas de la cola de Pipi, (el canario libre de Santiago), y las cabriolas de una estrella funambulista.  

El Arcángel San Miguel de la Huerta –nacido austriaco- se volvió hacia el infinito para retratarse con el forillo de la Vía Láctea del Retiro, bajo una guirnalda brillante como sus alas de oro y plata.

Este ratoncillo con ojo bailón, es una goma de borrar petrificada, que vive en el bosque de cardos gigantes, donde gusta dormir, a veces, Jesús el pastorcillo.


El fantasma de este Strong-Belén estrafalario es de color verde lima. Cubre con una sabana de tul su cabezota de peladillas, y lleva al cuello gargantillas de rayos verdes y flores amarillas. El ratoncillo Pérez (un tanto convencional en su aspecto), se muestra alerta ante una presencia tan ácida. Esta imagen sirvió como christma para la niña Livia de Siena, ya que sus dos protagonistas proceden de la canastilla-recuerdo de su Primera Comunión, celebrada el último mes de mayo.


Esta grulla japonesa -princesa de la papiroflexia- nació en un aula de teatro, de manos de un estudiante de escenografía, aficionado a las artes orientales. No se sabe qué poder despliega para estar rondando por cualquier parte; lo cierto es que ha conseguido resistirse a ser encerrada en un caja, o entre las páginas de un libro. Tiene una extraña virtud esta grulla de papel, y es que puede detectar dónde hubo un pájaro vivo, antes que ella. Como un Espíritu Santo que se hubiera quedado a cuadros, levita sobre el catafalco plumífero de su colega Pipino di Siena, otrora –como él- pájaro libre.


Esta raíz de alga de la Costa de la Muerte, no llegó a hacer buenas migas con esta bola de espejitos discotequera. Su desequilibrio detenido le otorga cierta tensión a la imagen; como si fuese una perla de espejos en el interior de su concha. 


De tan inquieta y juguetona que es nuestra estrella de mar navideña, ha corrido serios peligros en estas dos semanas de guardia en el cielo belenífero. A punto estuvo de perder algo más que una pata, cuando se cruzó con un vuelo charter, que llegaba a Strong-Belén cargado de peregrinos.


La abuela de la estrella de mar, además de grande, robusta y gorda, llevaba en la otra cara, pintado un Papá Noel de traje rojo, con guantes blancos y botas negras. Parecía desconchada por las puntas, tanto o más que su nieta, la estrellita de mar alfeñique.


Estos caganets no dieron bien en cámara, desde un principio; el falo mullido -contra el que apoyaban sus posaderas- les quitó todo el protagonismo. La banderita suiza rayando el glande de goma, disuadía completamente de alguna posible intención pornográfica. Haberla publicado en Nochebuena no hubiese terminado de encajar a la perfección con el espíritu de la fiesta; por eso se quedó en el trullo de los olvidados.


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Cómo se hizo el Retablillo


El potente foco en movimiento del escáner lo convierte todo en teatro. La luz es la madre de la pintura, de la fotografía, del cine, y de la escena teatral. Casi todas estas artes visuales intentan reproducir el ancestral resplandor del fuego en una hoguera. Con la luz se sugestiona más que con la historia; hasta la máxima vulgaridad puede convertirse en arte, bajo una iluminación adecuada.
Habituado Faba al escáner, (como ojo grabador de su Imprenta-Emisora; o sea, su Ordenador Personal), le resultó muy simple, comenzar a arrimar a su mesa tantas cosas y objetos navideños como encontraba por los cajones y armarios de la Quinta. Además, durante el proceso del escaneo de sus Ofelias muertas, había descubierto que si se dejaba levantada la tapa del escáner, las imágenes salían con un fondo negro intenso.
Las primeras pruebas de un trabajo que se inicia son conatos, propuestas de la razón que intentan echar  a andar con sus piernas aún rígidas. Aasí Faba comenzó a agrupar pastores de Belén -de plástico- contra el cristal caliente del escáner; los capturó sobre fondo gris y también sobre blanco, y cuando pensó hacerlo sobre el negro, recordó el truqui de dejar la tapa abierta.  
A dos pastores meones y a un paje negro les tocó pasar la primera prueba. El resultado fue impactante, la lupa luminosa del escáner leía las texturas y tinturas de los muñecos, con más precisión que el ojo de una cámara. Y el negro, como se esperaba, resultó de una calidad azabache. El único problema, (como solía ser habitual, desde las últimas obras de la fachada del edificio), era el maldito polvo. Por mucho que Faba lavase el vidrio con limpiacristales, el polvo volvía a colarse, y a dejar esos espantosos puntitos blancos en el fondo de las imágenes.
¿Cuántas veces dejamos pasar en la vida, nuestra gran oportunidad, por no haber sabido reconocerla a tiempo? Eso estuvo a punto de pasarle a Faba con su retablillo navideño. Cuando hizo una nueva prueba con un tercer pixanet en lugar del paje, comprobó que la imagen del grupo había mejorado, aunque el polvo se había colado aún más que en la primera ocasión. A este paso, para crear imágenes con el escáner, iba a necesitar establecerse en un laboratorio aséptico.
En la pantalla de su pecé, los tres pastores sin rostro orinaban contra el infinito. “¡Eureka! -exclamó Faba-. No hay polvo en el cielo, son los pastores que están salpicando; y al refelejar la luz, van naciendo estrellas”. La idea de que el final de su guerra contra el polvo, fuese a terminar de una forma tan regocijante, le excitaba profundamente. En esta ocasión la batalla final iba a ganarse, aliándose con el enemigo.  
Tomó de un rincón un libro y una caja completamente empolvados, y cual cocinero que espolvorea especias sobre sus guisos, comenzó Faba a sembrar el cristal del escáner con pellizcos de polvo. Llevar toda la vida peleando por evitar que suceda algo, y poder llegar a sentir un día la liberación de consentirlo, es tan gozoso como destrozar un tabú para siempre. Cualquiera que lo viese esparciendo suciedad sobre la superficie transparente de su más fiel reproductor digital, podría pensar que había perdido la cordura.
La siguiente prueba le dio la razón, el fondo negro era cada vez más cielo estrellado, cuanto más polvo se concentraba sobre el monitor. De esta forma tan azarosa y tan guarra, comenzó a fraguarse el Retablillo navideño de Faba. Cualquier cosa que sucediese bajo ese cielo estrellado artificialmente, resultaba -a priori- interesante; ya que el polvo sobre fondo negro crea espacio, lo que acentúa la presencia escénica de los personajes.

Aunque muchas de las imágenes de este retablillo estaban tomadas, antes de que comenzase su publicación en este blog, el escáner no ha vuelto a cerrarse desde mediados de diciembre, fecha en la que se inició la preparación de este trabajo. Durante las tres últimas semanas han seguido pasando por el estudio ambulante de la Vía Láctea de la Huerta del Retiro, numerosos objetos, figurillas, farolillos, ramas secas…, para ser retratados bajo los rayos equis del scanner. Como es fácil de suponer, en cada sesión había más estrellas sobre el cosmos del Retablillo, (o sea, más polvo), que en la anterior. El espectador avispado podrá reconstruir el orden cronológico de las imágenes, según la densidad estelar de los fondos.

En cualquier caso, no deja de sorprender una vez más, la fuerza de la paradoja para explicar el curso de las cosas. Toda la hipotética magia navideña que hayan podido destilar las imágenes de este Retablillo, se debía a que estaban sucias. Y a la par, a que todo el polvo que absorbieron las figuras al ser escaneadas, hubo que limpiarlo con la ayuda de Photoshop -mota a mota- para que los protagonistas de la imagen pudiesen lucir en primer plano, totalmente impolutos y deslumbrantes.


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viernes, 6 de enero de 2012

El mejor de los regalos


A la Estrella de la Navidad que no sabía que era una estrella de mar, le había llamado poderosamente la atención aquel rincón del Nacimiento del Retiro, donde sólo habitaba el solitario duendecillo navideño. Siendo Strong Belén un lugar tan concurrido, (por caballeros, todo hay que decirlo; ella y como mucho la caracola que parecía una oreja, podría decirse que fueran las únicas hembras de este Retablillo), aquel oasis de paz, donde todo era soledad y silencio, se hacía irresistible a la curiosidad de la Estrella.
El duendecillo verde con cabeza roja no se había inmutado ni movido de su sitio durante los quince días seguidos de representación del Retablillo. Continuaba aposentado en la punta del cuerno de su luna de piña seca, como si fuese un trono, meditando y respirando apaciblemente, sin que pudiese perturbarlo el vuelo de una mosca o el paso de un meteorito.
La Estrella comenzó a aproximársele por lo alto, como hacen todos los astros. Después lo intentó por lo bajo, para sorprenderle; y buscando –además- hacerle cosquillas en la planta a la piña. Todo inútil, ni la luna ni el duende parecían formar parte del reino de los vivos. Pero ella, que era una estrella de mar obstinada, no se rendía fácilmente.
Estrenaría táctica y estrategia, descendiendo por la piña hacia su espalda, haciéndose con él la encontradiza. Ni por ésas, al duende no se le inmutaron ni las alas. “A grandes resistencias, enormes dosis de espectáculo”, debió pensar la Estrella, que saltó de pronto, como una acróbata, por encima del capirote de Mago del solitario.
“¡Como para no haberla visto, si por poco me arranca la cabeza!”, pensó el duende vulnerado. Por no resultar grosero y maleducado con ella, se dejó estrechar la mano por la pata despuntada de la Estrella. Y aunque en principio no lo había hecho con pleno convencimiento, terminó dándole un sincero apretón de extremidades, que empinó de felicidad al equinodermo.
El último día de las fiestas navideñas, el duendecillo solitario y la estrella milagrera recibieron su regalo respectivo: jugando se habían hecho amigos. Y eso, los dos sabían que era el mayor de los tesoros: más valioso que el premio Gordo de la Lotería del Niño.
¡Y, colorín colorado, este Retablillo Navideño se ha terminado!


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jueves, 5 de enero de 2012

Noche de Reyes


Un juguete puede cambiar una vida. Un microscopio, un álbum de sellos, una caja de pinturas al óleo, un juego de carpintería, una arquitectura de bloques…, puede convertir el comedor de cualquier casa en un laboratorio, una filatelia, un estudio de pintor, una carpintería, o el despacho de un arquitecto.
Nunca llegó Faba a recibir por Reyes, su propia cámara fotográfica, aunque la hubiera pedido. Ni siquiera ésta, que hoy acude desde el pasado remoto, para ilustrar esta noche de juguete. La vendían en las tiendas de Indios del Paseo de las Palmeras en la Malta de su infancia. Entre todos las baratijas que procedían de Taiwan y Gibraltar, esta maquinilla fotográfica en miniatura, valía un tesorito.
Pasó años mirándola a través del vidrio de los Bazares, en noches húmedas de invierno, cuando regresaba solo a su casa, tras dar un paseo por la ciudad en niebla. Alguna vez hizo acopio de fuerzas, para entrar al comercio, y pedirle al dependiente hindú, que se la mostrase. En una de esas sesiones -que nunca terminaban en compra- fue cuando descubrió que podían hacerse fotos con ella, y que por eso era tan cara. Se abría, cerraba, y rebobinaba como una cámara normal.
Con el tiempo, compróse Faba la maquinilla Flik que tanto había deseado de niño, aunque nunca llegara a disparar una sola fotografía con ella. Sin embargo, esta camarita que parece un juguete, pero que dispara como la que más, podría decirse que ha sido la inspiradora de todas las fotos de este Retablillo. Y no porque se hayan realizado con ella, sino por el espíritu navideño que suministra el juguete a una forma de mirar y fabular con la libertad de un niño, que juega tanto como sueña.   
La cámara gravita en el espacio como si fuese un satélite de lata, que fotografíase La Tierra con todos nosotros dentro. Una máquina fotográfica que viene del cielo, como si los Reyes la dejaran caer por el hueco de la chimenea que no tenemos, hasta depositarse suavemente sobre nuestros zapatos.

miércoles, 4 de enero de 2012

Ensayo de cabalgata


El cisne que abriría la Cabalgata de Reyes en la Huerta del Retiro, desfilaba la noche anterior -a modo de ensayo- por los caminos oscuros de Strong Belén. Aunque al día siguiente avanzara por las calles, entre una lluvia de caramelos y una música pachanguera; la cuarta noche de año nuevo, el cisne plateado derrochaba a su paso tanta solemnidad y misterio, como una Procesión del Silencio.
La luna se llenaba para Reyes, por alumbrarle al cisne el paso. Lo que no sabía el satélite, es que este pato brillante era un candil Art-Decó; de ahí su ensamblaje metálico abultado, ocultando el depósito de aceite en su interior.
Este cisne de latón fue rescatado por Faba de entre los estantes de la Biblioteca de Adela Escartín, donde yacía olvidado y cubierto de polvo, como si fuera un cadáver de lata.
Desde que fuera limpiado y pulido -no ha demasiado- el cisne ha mostrado un pronto muy aristocrático, similar a la brillante personalidad de su primera dueña. En la Quinta se comporta como un Monarca, exigiendo los más sofisticados retratos de Faba, y solicitando encabezar el desfile de esta primera Cabalgata festiva del Año Nuevo.

Como un faro que se desplaza, la carroza del cisne avanzará mañana con su llama encendida de cola, iluminando a su paso las frondosas alamedas de la Huerta. La luna creciente y su cabellera de estrellas presidirán desde lo alto la Noche de Reyes.    


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martes, 3 de enero de 2012

El adelantado de los Reyes Magos


Cuando el primer paje negro de los Reyes Magos cruza el puente de Belén, todos saben en el Nacimiento, que el final de la Navidad está cerca. El cortejo de los tres Reyes Magos es el reloj de todo Belén que se precie. El tiempo se va marcando con sus movimientos de aproximación al Portal donde yace el niño. Por algo son las más caras de todas las figurillas, incluido el divino misterio.
Si el agua corriente de los ríos, y sus norias en movimiento, son las que mayor fascinación producen, por hallarse en continuo movimiento; el desplazamiento diario de camellos, caballos, reyes y pajes del mágico cortejo, despierta la nostalgia de algo que no es de este mundo, sino del orden sideral y del curso de los astros.
Acompañan al paje negro de Baltasar, una pareja de fornidos hermanos gemelos, vestidos con faldellín de borrego y tocados con sendos turbantes. El flamante trío interracial cruza el puente hacia Strong Belén, para tomar un refrigerio y buscar algo de entretenimiento.
Tras tantos años de peregrinaje anualmente repetido, el pajecillo negro se ha desconchado, mostrando un brazo y un pectoral de color rosado. Ni siquiera los muñequitos del Portal de Belén son negros de nacimiento, también maquillan alas figurillas de plástico. Al final todo es fingimiento en la ingenua natividad navideña.


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lunes, 2 de enero de 2012

Paisaje onírico de Belén


El pastorcillo Jesús prefería soñar a vivir. Aunque, ¿acaso no es vida el sueño? Creía que si no se despertaba se detendría el tiempo. Desde que superó la cumbre de los diecisiete años, presintió que ya había atravesado el ecuador de su vida. Soñaba con cruces de madera, con coronas de espinas, con manos perforadas con clavos. Soñaba que mientras dormía, su padre apuntaba con una horca hacia su cabeza, y se le llenaba el corazón de peligros.
Habría necesitado de las interpretaciones de José, el undécimo hijo de Jacob, que tan buenas migas hizo como adivino con el faraón de Egipto; o del mismísimo Sigmund Freud, (si hubiera nacido), para entender qué significaba todo aquello.

Creaba nuevas constelaciones en sus sueños, como la de la Cerda Mayor, que siempre le producía regocijo. Ver a aquellos cuatro lechones mamando de la teta múltiple materna, le parecía un presagio benéfico. Todo lo contrario que cuando veía a su padre en sueños.
¿Qué jugarreta fatídica le tendría preparada el Viejo? Y como Jesús presentía que no debía ser nada bueno, prefería seguir durmiendo y soñando, para que su destino no le pillase despierto.

domingo, 1 de enero de 2012

La flor de Año Nuevo



La flor de año nuevo se abrió sobre el firmamento de Belén, fresca, tierna, pura, expuesta a todos los peligros venideros.
Esta flor se desprendió de su tallo y su ramo, cuando fueron introducidas en el jarrón chino centenario, que habría de presidir la cena de Nochevieja. Dióle pena a Faba que un capullo tan hermoso, terminase en el cubo de basura, antes de haber abierto. Así que lo depositó con todo cuidado en un pozico blanco de cerámica, que en realidad era un pozico de tinta, de los que se incrustaban en los pupitres de madera de los colegios antiguos.
Mientras sus esbeltas y multicolores compañeras vieron la cena por encima de la boca del jarrón chino, el capullito y su humilde soporte quedaron sobre el mantel, entre las copas de la mesa. No hubo ningún comensal que no reparase en él, mientras abría sus pétalos, a la par que todos comían sus alimentos.
En la larga sobremesa de cava y dulces, a la flor recién nacida se le quebró uno de sus pétalos. Qué ternura desplegaron sobre ella los comensales de ese lado de la mesa, intentando reponerlo en el pozico, para que la flor volviese a lucir completa. Y como cayó reincidentemente, casi todos los invitados pasaron ante ella, mostrando su mayor mimo y concentración, en sanarla, como si fuese un pájaro al que se le hubiese roto un ala.
Cuando todos se marcharon -unos a dormir, otros a seguir tomándola- la flor se esfumó de la mesa, y se coló en el firmamento estrellado del Belén mutante de Santiago. Nunca una flor  navideña subió al cielo, cargada de tantos arrumacos, cariños y hasta besos. Era porque en ella, florecía el año nuevo.


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sábado, 31 de diciembre de 2011

El cuarto Rey Mago


Según iba adentrándose la noche de fin de año, en el pagano Belén del Retiro iban apagándose  las luces, una a una, hasta quedar completamente a oscuras. Con este eclipse voluntario de alumbrado, se homenajeaba la partida del año viejo. Un telón de tinieblas y estrellas, iba cayendo lenta y parsimoniosamente sobre aquel escenario del tiempo, como si fuese la ceniza del Vesubio cubriendo mansamente a Pompeya.
Sólo en esta noche cerrada del año podía contemplarse, la presencia ligera del Buda de ébano, que acudía de incógnito, como todos los años, para visitar al niño divino, nacido en las templadas tierras de Galilea.
Si los otros tres Principales que acudían como él, a honrar a Jesús, eran Magos; Buda significa, (a pesar del oscuro avatar con que aquí se manifiesta), El Iluminado.  Su único presente y principal enseñanza era un enigma que se reducía a tres palabras: “Silencio, silencio, silencio”.
Antes de que la luz mancillase el cielo con la primera aurora del año, el Buda negro –radiante como un sol de carbón- se daba la vuelta, y comenzaba a marcharse, fundiendo su espalda con el Universo.

viernes, 30 de diciembre de 2011

La tentación de las tinieblas


Jesús el pastorcillo trabajaba de camarero en Strong Belen, el club de ambiente más frecuentado y afamado de toda la comarca. Instalado en varias cuadras comunicantes de los establos del Rey Herodes, contaba con el cuarto oscuro más grande que pueda imaginarse. Los más primitivos pastores, los soldados y centuriones romanos más bizarros, los funcionarios más conspicuos de palacio, y hasta la curia más selecta del templo, se mezclaban en esta capilla nocturna del vicio masculino desatado. Una puerta con cortina daba directamente al campo, donde aquellos rudos varones se gozaban bajo el cielo estrellado.
Dada su extrema juventud y apostura, Jesús está acostumbrado a recibir todo tipo de propuestas carnales, que le llegaban de hombres de todos los credos, edades y clases sociales. Por supuesto que él nunca accedía, bien al contrario se jactaba de seguir siendo virgen a los 17 años. Esa rotunda igualdad de todos ante las leyes de la carne, le inspiró al pastorcillo su futura doctrina humanista, que saltó a religión por arte de sus discípulos.  
Una noche previa al fin de año, hubo tanta concurrencia en Strong Belén, que a Jesús no le quedaron fuerzas para regresar caminando hasta su bosque de cardos gigantes. Se quedó dormido en el puente de vidrio sobre el río fosilizado.
Se dice que los puentes están construidos todos por el diablo, y que el precio que cobra el ingeniero del infierno, es el alma del primer ser humano que por él pase. El demonio de la Huerta del Retiro -“que haberlo, hailo”- vivía disfrazado bajo la piel de un Cupido rubicundo, que no sólo disparaba sus flechas sobre sus víctimas. Se pasaba las noches en el cuarto oscuro de Strong Belén, ofreciendo manzanas a todos los reunidos en aquel fétido laberinto de cuadras.
Aquella madrugada -tras terminar su trabajo- al encaminarse el demonio a la Torre del Oro donde habitaba, se quedó prendado de un muchacho dormido, que encontró tendido sobre el puente. Con qué rijosidad y lascivia contempló a su bello durmiente, más aún sabiendo el destino común que les aguardaba. Iban a ser enemigos eternos; y eso, el diablo con faz de niño pudo leerlo en el sueño del pastorcillo. Cuántas malas ideas pasaron aquella noche por su cabeza, mientras mordía sus  manzanas.

jueves, 29 de diciembre de 2011

La soledad de los pájaros artificiales


Los pájaros vivos de oro suelen tener más encanto que los de corcho, aunque no suceda así en todas las ocasiones. La vida tiene el mismo perfume que el pan recién salido del horno, a pesar de traer consigo su fecha de caducidad. Por el contrario, la representación de los seres vivos  nace con afán de perdurar.
Este canario de pega, o Frankenstein canarino, fue construido por Faba con la intención de que sirviera de amante circunstancial a Pipino di Siena, -Pipi- , el canario libre de Santiago. Existe alguna fotografía de la cara de aburrimiento infinito del pobre canario, cuando su dueño le metió a este monstruo amarillo en el interior de su jaula. Huelga decir que no le hizo ni caso, ni tan siquiera se acercó a mirarlo. No era lo que necesitaba, le faltaba la vida.
A pesar de este rechazo total, el canario falso siempre estuvo agradecido al vivo. Si no hubiera sido por el uno, el otro no habría existido. Aunque tuviera cabeza de madera, patas de corcho, y un corazoncillo cítrico, sintió la prematura muerte del canario aquel mismo invierno.
Desaparecido el patrón ya no hace falta marinero. Pasó a la fosa común de una fiambrerilla -que lo fue- de carne de membrillo, donde iban a parar los juguetes desahuciados de la huerta del Retiro. Nunca volvió a salir a la luz, más que en las páginas de este blog: en plena juventud, y ahora anciano. Su otrora tersa y brillante cáscara limonera, luce hoy curtida y oscura como si fuese de cuero.
Cuando fue preseleccionado como figurante a las audiciones, (más conocidas como castings), de este Retablillo navideño de Santiago, no tenía más expectativas que las de salir en la foto como figurante. Sin embargo, el entonado colorido de sus piezas, (machacadas por el tiempo, el polvo, y el olvido), dieron muy bien en cámara.
Nuestro aspecto suele contar mucho de lo que somos y también de lo que fuimos. Aunque lo único que importa, es la historia que hayamos vivido, porque ésa termina siempre filtrándose en las imágenes que reflejamos. En el elenco de este Nacimiento sideral del Retiro, él figuraba como el canario viudo de Santiago, por eso quedaba tan bien en pantalla.  
Una vez que se halló frente al agujero negro del objetivo, pensó si no estaría muerto y por tanto a punto de reencontrarse con Pipi, su amante imposible e inolvidable. Nunca volvió a haber en su vida, otro canario que no fuese aquél; por eso siempre estuvo tan solo.
Quizás fuese cosa del azar de participar en el mismo montaje, o algún nuevo milagro de la estrella de mar navideña, el caso es que en pleno escenario del Belén del Retiro, el canario de corcho vio una urna transparente -puesta en pie- repleta de largas plumas blancas.
En realidad, se trataba de un palillero dental que Faba había rellenando, con cada pluma que su idolatrado canario perdía, cada vez que cambiaba su plumaje. Parecióle al autor que este delicado objeto poético -a lo Joan Brossa- podría alcanzar cierto valor ante el ciclorama estrellado de su Retablillo.
Cuando el canario de patas de corcho reconoció a su antiguo compañero en aquel botecito repleto de plumas blancas, se posó sobre él, bajo el manto de luto de la Vía Láctea; y ya nadie, nadie, pudo volver a separarlos.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

El pastor que no quiso ser Mesías


El pastorcillo Jesús gustaba de dormir al raso, bajo un cielo judío cada vez más cristianizante. Su rincón favorito era el bosque de cardos gigantes. Sus ramitas como rayos en torno a la alta flor, favorecían la comunicación con su padre: sólo en este lugar se le aparecía en sueños.
A Jesús le gustaba dormir junto a una piedra venida de una playa del otro lado del Atlántico.  Según el pastor dormido, se trataba de una esponja energética; hasta podría decirse que tuviera memoria por su aspecto de cerebro. El Mar Caribe es muy brujo, sus aguas están hechizadas, y la isla de Cuba -cuajada de negros- se halla en su centro. ¿Cómo no iban a estar impregnadas de este don, las piedras de sus playas?
De cómo llegó esta roca de las cien bocas a un bosque de cardos de Galilea, es todo un misterio. Algunos atribuyen su poder, a que se desprendió de un meteorito blanco. Si la memoriuda cubana tenía un pasado, el cardo no iba a ser menos. Nació y vivió bajo el puente de Santo Domingo de la Calzada, en el cauce seco del río Oja. ¿Habráse visto alguna vez un río con nombre más vinatero?
El pastorcillo de plástico, (que se negó a crecer, para no sufrir su suerte predestinada de Mesías), dormía plácidamente sobre el lecho rojo de un lápiz de carpintero. ¿Estaría conduciéndolo este río de vino recto, hacia su inextricable destino?

martes, 27 de diciembre de 2011

Un ciclista para un misterio


El ciclista de plomo pintado, (que lleva más de un año residiendo en la Huerta, como Cónsul de Berridilandia), sale de la sombra y toma ligero la curva hacia Belén, donde sus obligaciones le requieren para adorar al recién nacido.
No es un rey mago, ni viene de Oriente cargado de valiosos regalos; con San Nicolás o Papá Noel, no comparte ni siquiera el color de la vestimenta. Y sin embargo este peculiar diplomático posee habilidades mágicas reconocidas. En Belén se comenta, que trae escondida una sorpresa en los zurrones de su bicicleta: un misterioso presente que podrá oírse.
“¿Pero dónde se esconde ese niño divino?”, le pregunta impaciente a la estrella*, que se supone le guía desde lo alto. “Chiiiiiiiiiiissssssssst…”, le responde aquella. Aunque nadie lo haya visto aún en este Belén del Retiro, todos coinciden en afirmar que el niño está dormido.

* (La estrella es de cuero rosa, y procede de Vernazza, una de les Cinque Terre de la costa de Liguria, al sur de Génova; Vernazza, donde los muchachos se siguen tirando a las olas, desde las rocas más altas.)

P.S. Alfonso Berridi y Gabriel Faba aprovechan la presente entrada, para felicitarles las Navidades, y desearles que jueguen mucho todo el año.  

lunes, 26 de diciembre de 2011

El dinosaurio y la estrella


La estrella de la Navidad no sabía que era una estrella de mar. Si había acudido a Belén era porque la había invitado una prima suya -cometa- que solía pasarse por allí todos los años.
Cuando se es estrella, no se necesita tomar aviones para los grandes desplazamientos, (como tampoco importa ser un poco cojitranca, ya que no usa sus patas para caminar).  Así que, ni corta ni perezosa, dejóse caer sobre Belén, como si se tirase en paracaídas, esperando disfrutar de unas vacaciones especiales.
Una estrella de mar que no sabe que es marina, es una estrella que no se mira al espejo. Tiene dibujado su nombre en la boca, y ni se da cuenta. Si tuviera que afeitarse o pintarse sus cinco labios, ya sabría que era un equinodermo.
Al primero que conoció la estrella en Belén, fue a un dinosaurio de trapo, que se desplazaba sobre un lápiz de carpintero. Se quejaba de haber hecho una larga mili en la Huerta del Retiro, y sin embargo nunca había recibido una mención, y mucho menos un retrato, en los continuados y obsesivos trabajos de los hermanos Faba.
Ser un dinosaurio relleno de mijo tiene sus consecuencias; mucho más cuando se circula entre la estrafalaria y distinguida clientela, que suele residir y frecuentar esta Huerta del Retiro. Que el dinosaurio, por fin, forme parte de una entrada de este blog, ha sido el primer milagro involuntario cometido por esta estrella amnésica, que no sabía lo que era.

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domingo, 25 de diciembre de 2011

La caracola del Nacimiento


Los misterios que encierra la Navidad resultan insondables. Se trata de una gran fiesta cósmica, en laque se celebra el nacimiento del sol, la llegada de un cometa, y el advenimiento del Mesías cristiano. "Demasiadas visitas estelares, como para permitir que alguna se nos escape", debieron pensar las autoridades de Belén.
Para evitarlo, instalaron una extraña antena de caracola, sobre el puente que cruza el río fósil del pueblo. Algunos veían en el insólito artefacto una oreja; otros, una boca ladeada; y la mayoría coincidía en que se trataba de una vulva entreabierta. En cualquiera de los casos, a través de los labios de esa concha parabólica, se presentían todos los enigmas del Universo.
Por otra parte, hay que advertir al lector, que esta concha misteriosa, fue originariamente una lamparita. Compróla Faba en su última visita a Malta, hace ya  más de veinte años. La descubrió entre los restos del naufragio de la tienda de conchas y caracolas más hermosa, que había existido nunca en la ciudad. Pasar junto a su escaparate, era como caminar junto a un corte en sección del suelo marino. 
El dueño de la tienda acababa de fallecer unos meses antes de que Faba llegara. Su estancia coincidió con la venta que estaba realizando su viuda, de las piezas más preciadas que se había reservado el difunto, a lo largo de toda una vida de caracolero. Trabajaba las conchas marinas como si estuvieran hechas de madera de pino. Las serraba, atornillaba, lijaba, pintaba y manipulaba hasta convertirlas en objetos poéticos. No es de extrañar, pues, que uno de los hijos de este comerciante poeta, saliera artista. Desarrolló su trabajo pictórico en Nueva York, lejos también de su querida isla de Malta. Se llama G. Serrán P. y sólo reproducimos completo, el apellido que heredó de su padre.
La concha cercenada por el Señor Serrán, (y cuya parte posterior usó como soporte de la concha erguida), lleva en su interior pintada -al óleo- una marina, sobre la que el visionario artista pegó, la calcamonía de una airosa carabela, alejándose de puerto.

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sábado, 24 de diciembre de 2011

Pastores contra el infinito


En la alta madrugada de la Navidad, los pastores que siguen de juerga por los portales de Belén, salen a desahogar sus vejigas bajo el cielo estrellado de Galilea. Un par de Pixanets, (tocados con sus respectivas barretinas), mean contra el firmamento; junto a un muchachito hebreo, que lo hace a calzón bajado.
¿Qué hombre no ha sentido un extraño deseo de orinar sobre el curso de un río? Dirigir la manga, soltar el chorro, caer en el cauce del agua, y ser río por un momento. Los nuevos pastores de Belén gustan de hacerlo desde el puente de vidrio que cruza el río del Portal. Cuanto más orinan, más estrellas dicen ver brillar en el cielo.
El río de Belén es primo de Torre Ofelia. Viaja y transcurre en el interior de una botellita transparente, que nació para contener limoncello. El cauce fluvial muéstrase hoy fosilizado, en unas ramitas de coral rosado de la Costa de la Muerte, y una pluma de cigüeña del claustro de la catedral de Palencia.

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viernes, 23 de diciembre de 2011

El duendecillo de la Navidad


El duendecillo navideño de la Huerta del Retiro reposa sobre el cuerno de una luna con piel de piña. Los cráteres del seco ananás recuerdan a los del Mar de la Tranquilidad. Este Principito con cabeza de abeto rojo brillante, parece haberse quedado solo en todo el universo.
La cáscara de piña estuvo casi un año prensándose entre cartones secantes, que fueron renovados periódicamente. El objetivo de esta manipulación frutal era convertirla en el cuello de un león asirio rampante, que había visto y copiado directamente Faba del interior de una vitrina del Louvre.
El cuerpecillo remendado de este duende es lo que queda de un frágil muñequito de poliuretano, que a cada caída perdía un trozo de su cuerpo. Primero fue una pierna, luego una mano, más tarde el extremo de un ala, y finalmente se le fue la cabeza con destino desconocido. Quizás cayó en algún tiesto y se encuentre bajo tierra, como les sucede a algunos cráneos humanos.
Hallóle Faba una cabeza de repuesto muy apropiada para estas fechas navideñas: un abeto granate, que estuvo colgado en el primer árbol navideño de su infancia en Malta. La soledad de este Principito sideral que se columpia bajo la Vía Láctea, resuena por todo el cosmos de la Huerta. Quedarse solo, también resulta muy navideño: es la cara oculta de la fiesta.

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