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jueves, 16 de febrero de 2012

En las raíces de ARCO


Hoy comienza la nueva edición de ARCO, la feria que transforma el arte contemporáneo en una pasarela; aunque sea el público, el que desfila por todos los recovecos de este recinto encantado. Como si de una sofisticada cueva de los 40 ladrones se tratara, en ARCO se hace acopio tanto de brillantes tesoros plásticos, como de ocurrencias conceptuales de última tendencia.  
Esta plantilla de dos piezas plastificadas, cubiertas de pintura blanca, fue la que utilizó em 1984 la incipiente revista Teatra, para estampar en sus páginas el logotipo de ARCO, que por esas fechas debía ser obra del gran Diego Lara, maestro en el arte del diseño gráfico.
La página de publicidad que había que incluir en la revista, a cambio del stand de expositor, Teatra lo solventó insertando unos acetatos de colores con el nombre de Arco 84. La tirada de aquella revista de artista, ascendía a 200 ejemplares numerados, cifra que permitía mimarla artesanalmente, a la par que se elevaba a un número nada desdeñable, para elaborar todos los ejemplares manualmente.
Lo que se  muestra en esta imagen es el poso que dejaron los espráis blancos, sobre la plantilla de ARCO. Los bordes de las letras vaciadas en la hoja de plástico, iban desdibujándose con cada rociado de pintura. La hilera superior de sellos azules, debió ser la solución, para lograr una franja seca de apoyo, para poder coger y desplazar la rezumante plancha de pintura, mientras se estampaban filas y filas de páginas.
Los sellos del rey eran los más baratos que se encontraron, después de los de 10 céntimos de color naranja, que en pliegos de sellos auténticos cubrían toda la portada del número 2 de Teatra. A parte de su economía, no hubo razón alguna para elegirlos; es más, no molestaron los sellos del Rey a Teatra, los asumieron estéticamente, como una secuencia repetida de imágenes de Warhol.  
Lo cual no quitó para que un joven Faba, (que entonces se hacía llamar Vizcaíno), alma mater de la revista, la entregara en mano a la Reina de España, cuando acudió con todo su séquito a inaugurar, (vestida de rojo, igual que Juana de Aizpuru, fundadora y directora –entonces- de la Feria; todo un problema de protocolo), aquel esperanzador ARCO de 1984.
Con eventos artísticos de esta clase, los jóvenes de entonces nos regocijábamos, pensando que Madrid, por fin, empezaba a estar en el mapa del arte. Y una humilde revista de fotocopias, realizada por curtidos estudiantes* -por esas fechas- de la Escuela de Arte Dramático, era la primera revista de teatro que participaba en una Feria Internacional de Arte Contemporáneo.  
Las diferentes ediciones de ARCO, (entre 1984 y 1996), en las que Teatra participó como revista expositora con stand propio, siempre fueron una gran escuela de cosmopolitismo para sus miembros, quienes aprendieron a mirar el teatro español con ojos de arte nuevo, sujeto a grandes designios. Algo de aquel optimismo desacomplejado, procuramos que brote de cuando en cuando en esta tranquila Huerta del Retiro.


* La revista TEATRA -en su número 2- estaba integrada por Juan Antonio Vizcaíno, Ernesto Caballero, Alfonso Armada, José Andrés Rojo, Juan Manuel Sánchez y Javier Vallejo.

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